Ya queda menos para la fecha en la que decidí dejar la lactancia diferida. Dos años sin la lactancia diferida… (el año pasado os comenté mis sensaciones un año después).
No quiero leer lo que escribí el año pasado porque quiero ser sincera con lo que siento dos años después. La verdad es que ha pasado tanto tiempo… y veo a mi hijo sano y feliz y estoy contenta por ello, a pesar de no haber prolongado la lactancia diferida más.
Siento pena por no haber podido tener ese vínculo con él. Sé que hemos construído el vínculo de otras maneras diferentes, pero siempre me quedará esa espinita porque al fin y al cabo, quise y no pude. Creo que esto lo viven de manera diferente aquellas mamis que deciden no dar el pecho de manera voluntaria. Pero… yo quise y no pude.
Tanto el año pasado como este se me viene a la cabeza mucho la idea de qué fue lo que falló. La verdad es que sigo sin saberlo y creo que nunca tendré respuesta… pero es algo que a nivel psicológico me haría quedarme más tranquila. ¿Fui yo la que falló? Quien sabe… Aunque… ¿Qué más da? ¿Va a cambiar algo? La verdad es que no.
Creo que es un duelo que me acompañará toda la vida. La verdad es que me acuerdo de aquellos días en los que yo lo intentaba y lo intentaba y me da mucha pena porque ahora sé que no lo conseguiría nunca.
Como decía… creo que es una «pena» que me acompañará siempre 🙁