Buenas tardes lectores!!
Hoy vamos a traer un tema muy fresco que nos ha tocado muy de cerca estas Navidades. Por que sí las Navidades pueden ser una época maravillosa del año en la que celebramos y nos juntamos con nuestros seres queridos. Sin embargo, también puede ser una época de estrés porque no respeten nuestro estilo de crianza o nuestros límites. Nosotros hemos tenido bastante de esto último y nos gustaría compartirlo con vosotros.
Personalmente me da mucha rabia que haya gente que me critique por lo que hago o dejo de hacer como madre y al papi le pasa igual. Por eso, hoy vamos a comentar cómo podemos actuar ante dos situaciones muy comunes:
¿Qué hacer si la gente no respeta el límite?
A mi siempre me gusta decir que la que tiene la sartén por el mango soy yo. Yo soy la madre de la criatura y si me apetece puedo irme de la situación. Si yo decido que el niño no come dulces, el niño no come dulces te parezca bien a ti o no. Si decides traspasar ese límite te «lo voy a hacer pagar».
Por ejemplo, un familiar quería darle una galleta al niño. Yo le dije que no le diera galletas porque ya había comido y no era momento de comer más y menos más dulces. Esa persona partió un trozo de galleta y se la dio al niño. Un gran error por su parte. Su argumento fue: «es que el niño quiere galleta» y mi respuesta fue «me da igual lo que él quiera, yo tengo que mirar por su seguridad». Mi pregunta es «¿Quién se ha creído esta persona que es para sobrepasar el límite?». Yo creo que aquí entra en juego que muchas veces las personas por ser más mayor que yo o que el papi se piensan que tienen más poder o razón sobre la situación. Claro que esto no es así.
En ese momento acepté que se pasara el límite porque vivo lejos de esa persona (no son situaciones que se vayan a repetir más allá de Navidades) y porque quería tener la fiesta en paz, pero lo correcto habría sido levantarnos, coger al niño e irnos.
Yo puedo entender que una persona de la galleta si no sabe que yo no se la quiero dar (aunque me parece que antes de dar comida a un niño hay que preguntar a los padres para pedir permiso). Pero sabiendo que no quiero que le des galleta, si se la das… estás perdiendo toda razón y todo respeto por mi parte.
¿Qué ocurre con los regalos?
Esta ha sido otra. Nuestro hijo tiene muchos, pero que muchos juguetes (podéis intuirlo por todas las reseñas que hacemos jaja). Tiene muchos juguetes, algunos muy grandes y con los que no juega nada más que el momento en el que se lo regalan. Por eso, estas Navidades pusimos el límite de: no regalar juguetes y si se regalan juguetes que sean pequeños.
Unos familiares me preguntaron a ver qué quería para el niño en Navidad y yo les dije que una prenda de ropa, que por favor no regalaran juguetes. Su respuesta fue: la ropa se la compras tú, a mí lo que me corresponde es malcriarlo y regalarle un juguete.
La verdad es que me parece una respuesta de lo más agresiva. Me quedé a cuadros y, efectivamente, antes de ayer, el día de Reyes, lo que tenía el niño como regalo era un juguete y grande.
Me molestó mucho porque piensan mucho en ellos y poco en nosotros o en las necesidades del niño. ¿Qué tendríamos que haber hecho? No aceptar el regalo o descambiarlo. Lo aceptamos porque nuevamente no les vemos mucho y queremos tener la fiesta en paz, pero… manda narices con la gente.
Desde aquí hacemos un llamamiento para que la gente haga caso a los límites de los padres y si no se sabe qué regalar, por favor, una tarjeta regalo siempre es una buena opción para que los papis puedan comprar cuando el niño lo necesite.